Un alicantino por montañas catalanas.Un alicantino por montañas catalanas.
 Joaquín Terrés Joaquín Terrés
lunes 9 de mayo de 2011, 21:10:53

Tipo de Entrada: RELATO | 8860 visitas

...ya nos hemos internado en la frondosidad y espectacularidad de la montaña. La senda me sorprende, no solamente por sus vistas, si no por la exuberancia de la vegetación, su bosque solapado de Quercus, frondosos y vivos...

     Anna me pedía una marcha por la montaña de unas 3 horas como mucho, e intenté buscar, de nuevo, otro lugar cercano a una estación de tren, y en otro macizo diferente.

     Ya hacía tiempo que tocaba acercarnos al Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac y subir a uno de sus picos y alturas, a la más alta: La Mola. Pero la estación de tren más cercana a éste parque o cerca de algún recorrido en ella, era en Vacarises, Sant Vicenç de Castellet... lejos de La Mola y el centro del parque. Con lo cual lo mejor era coger el coche y acercarnos a las proximidades del macizo.

     Había visto el recorrido de la Ronda Pratsbigordana per Sant Llorenç del Munt i l’Obac y me había atraído la atención, pero con Anna no haría tal proeza. Entonces, calculando una ruta entretenida pero no excesivamente larga, decidí salir de La Barata, donde hay un pequeño parking (que no me pase como en El Matagalls) y seguir parte de la Ronda, anteriormente mencionada, subir a La Mola bajando por otro camino hasta La Barata... otra bonita circular.

 

La Barata

Can Pelags



     Dio la casualidad de que tenía guardados mapas Alpina de cuando Juanma (informático y montañero del Centro Excursionista Almoradí) sacó de internet y compartió con sus compañeros del club, entonces ví que estaba el de este macizo ¡Estupendo! Pero decidí no imprimirlo; si no fotografiar la pantalla del ordenador y seguir, chapucera pero efectivamente, la triste imagen en la pantalla de mi cámara de fotos... quería ver si era práctico o demasiado rudimentario para poder ser útil en la montaña.

     Así pues, el pasado sábado 30 de abril llegamos a las edificaciones de La Barata en el magnífico, verde y extenso Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac, para subir a su visitada y original cumbre de La Mola: justo junto a la carretera está la Riera de Les Arenes, la cruzamos para adentrarnos en el frondoso y extenso bosque, en sus verdes prados y bancales, entre sus alegres y simpáticas  masías. A la izquierda un agradable camino (en la que unos corredores han parado para estirar) está señalado con pinturas rojas y verdes; lo veo en el mapa de la pantalla de mi cámara de fotos, se dirige al mismo sitio al que queremos ir nosotros. Me sorprende el delicioso “escándalo” de decenas de trinares que nos dan la bienvenida a esta montaña; tanto que intento grabarlos con mi cámara-mapa.

     Siguiendo el camino y las señales, pasamos junto a Can Pelags; un enorme caserón con varios edificios y novelescas puertas de entrada. Seguimos el camino junto a sus muros, y justo cuando termina haciendo una curva el camino, aparece una senda a la izquierda que se dirige a la montaña. Las señales nos indican que debemos dirigirnos por ella, pero la ruta de la Ronda aún no se internaba en la montaña y se desviaba hacía Can Garrigosa. Por ello seguimos el camino de herradura, hermoso entre la floresta, hacía el Sur, sin marcas, ni señales. Lo que no sabíamos es que para bajar utilizaríamos esta senda que ahora evitamos.

 

Can Garrigosa

Camino de Can Robert



     Los alrededores de Can Pelags son muy hermosos, con altos y sanos árboles, verdes y vivas praderas y laderas boscosas. El camino entre Can Pelags y Can Garrigosa se sigue casi por intuición montañera y siguiendo el mapa de la pantalla. Senda, camino, a la izquierda, a la derecha... A la vera del camino nos sorprenden montones de piedrecillas blancas y heladas; el intenso granizo que cayó el día anterior. En la espesura del bosque nos topamos con una valla metálica que divide el camino en dos. Esto ya es Can Garrigosa. Seguimos por el camino de la derecha, junto a unos altos eucaliptos, y pasamos por la puerta de la masía. Ahora cruzamos els Plans de Can Garrigosa, praderas, pastizales habitados por ganado y algún que otro burrito. Detrás, las formas rocosas, espectaculares y escarpadas, con perfiles angulosos y redondeados, parecidos a las de su hermana la Sierra de Montserrat pero no tan agrestes y grandiosos, de las rocas y paredes cercanas a La Mola; se muestran entre las ramas de árboles y del tupido bosque de sus laderas. A la izquierda aparece un camino que baja y cruza un barranco, casualmente nos encontramos con otras marcas y señales: Can Robert, La Mola. Justo a donde nos dirigimos. Fácilmente solamente tenemos que seguir este camino con las señales para, pronto, llegar a la siguiente masía: Can Robert.

     Hay un parking de coches y mapas visualizadores de la zona de La Mola y alrededores del macizo y de sus itinerarios, recorridos. Aquí nos tropezamos con más gente: visitantes, turistas que vienen a dar un paseo, o senderistas que vienen a gozar, en esta catedral del senderismo barcelonés, de las hermosas facciones de estas boscosas e interesantes sierras. Busco las tumbas, que no sé si son medievales o prehistóricas, pero en el recorrido de Can Robert hacia y encarando la montaña, no las encuentro. Paramos a almorzar antes de afrontar el verdadero recorrido por la montaña. Gente pasa junto a nosotros, es un lugar bastante visitado.

 

De Can Robert a La Mola

Al fondo la Sierra de l'Obac



     Seguimos el camino y senda hacía arriba en busca de La Mola. Bajo la visión de aquella mole rocosa que llaman El Bolet y de la parte sur del verde vallecillo y urbanización de Can Prat y el Plá de Sant Llorenç, los cuales bordean el parque natural como una pitón estrangula a sus presas, decidimos seguir por la senda y el itinerario que sigue hacía la izquierda, hacía el Morral del Drac sobre la Canal de l’Abella. De esta manera dejaremos de hacer un recorrido circular, que sería rodear el macizo de La Mola por la derecha, e intentar subir a La Mola por el recorrido más directo posible y a la vez que sea cómodo y atractivo.

     Ya nos hemos internado en la frondosidad y espectacularidad de la montaña. La senda me sorprende, no solamente por sus vistas, si no por la exuberancia de la vegetación, su bosque solapado de Quercus, frondosos y vivos. Acercándonos al Morral del Drac, enfrente, aparece el Turó d’en Griera, casi puntiagudo y escarpado; y detrás la otra verde y bella sierra compañera de ésta, la Sierra de l’Obac, entre medias, la espesura de los bosques salpicada por algunas de las masías por las que habíamos pasado. Muy bello. Detrás, entre las brumas de la mala visibilidad del día, una estupenda muralla de torres verticales y redondeadas nos sorprende, es Montserrat; es una pena que la mala visibilidad no nos deje disfrutar de esta grandiosa y espectacular sierra, pero intentamos imaginárnosla recortando sus perfiles brumosos.

     Llegamos al cruce de sendas, recorridos e itinerarios en la parte más alta del Canal de l’Abella; no si antes habernos cruzado con el ínfimo Avenc de la Canal de l’Abella y la antigua construcción, comida por la vegetación, del Forn de Calç; también de habernos deleitado con el tamaño del abundante granizo que aún quedaba en diferentes rincones de la montaña. Después de una tenue subida por el bien cuidado bosque llegamos a éste cruce de caminos. Hacía la derecha nos dirigimos a La Mola. Así que sin más dilaciones, cambiamos la dirección de Noreste a Sur para aproximarnos a este singular paraje. También seguimos las indicaciones y señales blancas y verdes... ya no las dejaremos en todo nuestro periplo por esta montaña.

 

Senda en el Canal de l'Abella

Bosques en La Canal de l'Abella    Bosques en La Canal de l'Abella

Bosques en La Canal de l'Abella   Bosques en La Canal de l'Abella



     Nos topamos de nuevo con gente; voces que se escuchan en un tono alto en medio de la espesura, para que puedan ser oídas y advertidas por jabalíes, gnomos y otros duendes del bosque. La subida ahora es algo más interesante: por placas de roca en diagonal, horizontal, conglomerados de fácil agarre y redondeadas formas; por bosquecillos y frondosas grietas abiertas entre rocas y paredes... llegamos así a la parte más alta de estos conjuntos de montañas: una especie de planicie (no horizontal de todo) despejada de vegetación, coronada, en su punto más alto, por una inquietante construcción religiosa. Es el antiguo Monasterio de Sant Llorenç del Munt, con su campanario, iglesia y recinto. Aquí si hay mucha más gente, y dentro del recinto, que ahora es un caro restaurante, mucha más.

     Ya estamos en los 1.107 mts. de la cúspide de La Mola. El eje geodésico se encuentra junto a la pared de la iglesia. Anna ya se había quejado de que emplearíamos más de 3 horas en esta actividad, pero después de esas tranquilas 3 horas, ya solo quedaría la bajada. Inspeccionamos la bella y curiosa construcción religiosa. Entramos en la iglesia y salimos a su patio. Nos asomamos por las ventanas del restaurante y nos engatusamos con los olores a butifarra torrada que de él sale. Comemos junto a la puerta principal de la iglesia, y me doy cuenta de que, lo más alto de su campanario, donde una sola campana otea el horizonte, es lo que se veía desde la lejanía de nuestro recorrido. Vale la pena acercarse para admirar la antigua y sencilla arquitectura de estas formidables edificaciones religiosas... eso si, el lugar ideado para construirlo es único: un estupendo mirador y un fabuloso lugar de retiro.

 

Subiendo a La Mola

Monasterio de Sant Llorenç del Munt



     Para bajar decidimos desandar el camino. Pero para no volver por el mismo sitio y hacer un recorrido circular, además de así poder admirar otros rincones de la bella montaña e incluso llegar antes al coche, cuando llegamos al Coll del Morral del Drac seguimos por la cima de la montaña, recto, en busca del Coll junto al Pí Tort. Bajando justo desde el fabuloso monasterio, las vistas hacía el resto de la montaña, mirando hacía el Norte, Noroeste, ahora enfrente mientras bajamos, son espectaculares: al fondo del todo el hermoso sombrero o pirámide del Montcau, parecido a uno de esos tejados japoneses en padoga; abajo las estupendas y espectaculares paredes y vertiginosos perfiles de la montaña, Roca Foradada, Turó de Les Nou Cabres, Turó del Bosc... sorprendentes; éstas te recuerdan las formaciones de Montserrat; y entre unos y otros, el interminable bosque, vegetación salvaje, verde y viva. Hermoso.



     Circundamos el Turó d’en Griera con la magnífica vista de lo que dejamos atrás: La Mola y su fantástico monasterio en su cima. Volvemos a cruzar estupendos bosques de Quercus y pino blanco, me parecen; y de nuevo más transeúntes por estas sendas paralizadas en el tiempo de la naturaleza. Yo calculo los collados, bajadas, subidas por las que nos tenemos que encontrar hasta llegar al adecuado; y al llegar al escogido me paro. No hay indicación alguna, solo unas típicas marcas de señalización que dicen sigas recto hacía el Coll d’Estenalles (se supone que nuestro itinerario debería estar señalizado) pero una senda baja por la dirección correcta. Anna comienza a desconfiar, como de costumbre. Le digo que deberíamos estar en el lugar que llaman del Pí Tort. Ella me dice: “¿Es que no lo ves?” Justo junto a la senda de bajada y al poste de señalizaciones, había un gran y único pino, alto y con numerosas ramas. ¡Este debe de ser el Pí Tort! y decidimos bajar por la senda adyacente, hacia la izquierda y cambiando la dirección de Norte-Noroeste a Suroeste.

     La bajada fue directa, recta y sin dificultades, aunque a Anna le pareció algo larga, pero seguramente era por todo el tiempo que ya estábamos en la montaña. Al momento de internarnos por dicha senda, visualizamos las otras marcas verdes y rojas; y Anna se tranquilizó a medias. Por aquí si que nadie subía ni bajaba. Estábamos solos en el silencio y a la vez en el propio ruido de la montaña.

 

Al fondo el Montcau

Camino del Pi Tort   Bosques en la bajada a Can Pelags



     Enseguida llegamos a Can Pelags por aquella senda que veíamos bajaba de la montaña cuando pasamos al principio por esta masía, justo como ponía en el mapa y como calculé. Desde Can Pelags desandamos el camino sin hacer caso a la pista principal y sí a las marcas verdes y rojas, y al tiempo llegamos al, ahora, solitario coche aparcado en la orilla de la carretera, junto a La Barata.

     Como me está pasando con muchas montañas barcelonesas del litoral y prelitoral, me sorprendió la belleza y espectacularidad del lugar. Cada montaña, cada bosque tiene algo único y hermoso, y Sant Llorenç del Munt i l’Obac tiene muchos y variados pasajes bellos y magníficos. Volveremos a por el Montcau o a por l’Obac.

 

mapa de la ruta

 



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