Un alicantino por montañas catalanas.Un alicantino por montañas catalanas.
 Joaquín Terrés Joaquín Terrés
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jueves 14 de junio de 2012, 12:10:52
Castell de Burriac y Montcabrer
Tipo de Entrada: RELATO | 4325 visitas

...en todo el recorrido, ahora en frente nuestro, el peñasco y la circular torre de homenaje del Castell de Burriac lo domina todo...

     Siempre veía el Castell de Burriac desde la autopista cerca de Mataró como una fortaleza muy bien adherida, aferrada y enclavada a un abrupto peñasco. Su imagen me atraía y lo buscaba con la mirada cada vez que me acercaba a sus dominios. Por ello, tarde o temprano, tenía que organizar una ruta que lo subiera y visitara. A la vez, desde un principio, veía una ruta en el viejo libro prestado de mi viejo amigo montañero Jesús Santana sobre Rutes de Patrimoni Arquitectonic dentro de la Xarxa de Parcs Naturals de la Diputació de Barcelona, que me llevaba y explicaba con historia y cultura del lugar, a estos enclaves de la Serralada Litoral

     Ya más decidido y con la ayuda de la web Itineraris de la Xarxa de Parcs Naturals, comencé a idear una agradable, interesante e instructiva ruta. Uno de los lugares a visitar dentro de dicha ruta, tenía que ser el Montcabrer, sencillamente por la coincidencia exacta del nombre con el mítico, famoso y pico más alto de la alicantina Sierra Mariola: El Montcabrer... solo por la curiosidad de pisar dos cimas con el mismo nombre. También me fui informando de lugares, rincones y curiosidades por las que pasar (Ruta de Les Fonts d’Argentona, Cova de Les Bones Dones, centro urbano de Cabrera de Mar...) así como debía descartar otras (Poblado Ibérico de Burriac...), y a la vez, enlazarlo con estos recorridos señalizados dentro de la web anteriormente descrita, pero también con algo de aventura y de “cosecha propia”.

Castell de Burriac (foto: Kike)


     Así que el pasado sábado 9 de junio unos 10 compañeros Cuspidianos nos aventuramos en otro de mis “típicos recorridos” por estas montañas catalanas: El lugar de salida sería el final de la calle Passeig de Burriac de Argentona, justo cuando se terminaba el asfalto y un camino algo desdibujado por los regueros del agua de lluvia, comienza su subida al Castell de Burriac señalizado con postes. En lugar de seguir dicho camino, me gustaba más la idea de adentrarnos en la fronda del fondo de la Riera d’Argentona y pasar fuente por fuente, por todas los rincones del lugar: por ello bajamos por la calle de la derecha del camino y enseguida, en la parte más baja, otro camino a la izquierda que se interna paralelo a la riera y hacía sierra adentro, nos inauguraría este hermoso recorrido. Hay que llevar cuidado y estar atentos a una senda, no señalada y casi escondida, que sale a la izquierda y a mitad de dicho camino, que es la que nos llevará por el recorrido de las fuentes. Ya que si seguís el camino os toparéis con una puerta enverjada que os impide el paso. Ahora nos sorprende la frondosidad y vida del lugar, mientras vamos caminando por sendas que siguen por el fondo de la riera, o por su lado derecho a cierta altura del fondo; de fuente en fuente, de rincón en rincón. Es un lugar muy boscoso, frondoso y llamativo, de hecho será el lugar más selvático del recorrido; con grandes árboles y verdor por todos lados, donde una masa boscosa de pinos y quercus, no dejan pasar la luz del sol al suelo en muchas zonas. Puede ser un poco lío si no conoces los lugares y sendas que los comunican, pero una vez has pasado una vez, la segunda es inequívoca. Font de Les Sureres, Font de l’Esquirol y la llamativa Font del Ferro. Todas con pequeños cañitos de agua. Desde ésta última, seguimos la senda por el fondo de la riera hacía arriba como perdidos entre la maraña de la fronda del bosque y sin conocer el final cierto de la misma senda. La ruta planeada hacía una especie de zigzag y justo al cruzarnos con una segunda senda transversal que corta la boscosa ladera de un lado a otro en horizontal, es cuando hubiéramos debido de seguir ésta hacía la izquierda. Pero por culpa de la incertidumbre de la nueva y desconocida senda que estábamos pisando, decidí coger la primera senda transversal horizontal que nos cruzamos y dejar de seguir por en medio del bosque y la ladera, en busca de la pista a la izquierda. La decisión correcta hubiera sido seguir esta nueva senda a la derecha, y después, al toparnos con la segunda senda transversal, a la izquierda... bueno, para la siguiente cuando repitamos ya sabremos lo que hacer...

Camino de les Fonts  Riera d'Argentona

Sonia llegando a la Font de Ferro


     De esta manera nos encontramos antes con la pista/camino que sube al Castell de Burriac, y no es otro que aquel que salía hacía arriba y adentrándose en la montaña, desde el lugar donde dejamos los coches. O sea, hemos estado yendo paralelos a dicho camino, pero por en medio de la espléndida y verde masa forestal... vale mucho la pena. Después, a la vuelta, bajaremos por éste mismo camino. El camino es ancho y sin darnos cuenta llegamos a un cruce con otro; estamos en lo que llaman el Collet de Burriac. Debemos seguir hacía la derecha sin dejar el camino. A la vuelta apareceremos por aquí pero por el camino que ahora vemos a la izquierda. Enseguida a la derecha nos encontramos el recién restaurado camino que sube al castillo. Antes y desde el camino, hemos podido admirarlo allá en lo alto, a medida que subíamos y nos acercábamos a sus dominios. Atrás queda, en el fondo del vallecillo, Argentona, mientras subimos por el empinado camino al castillo. Y dándole casi la vuelta a la peña, monte en el que está ubicado el castillo, llegamos al final del mismo camino y a unas escaleras con barandillas que te suben a la puerta del mismo.

     El Castell de Burriac, situado a 392 metros de altitud, no es una gran construcción ya que casi no le queda nada de su antiguo esplendor medieval, defensivo y de vigilancia. Destaca sus innumerables restos de aquellos que fueron sus muros, paredes del interior de las dependencias, y arriba en su cúspide, el torreón circular espléndido y altivo (supongo que restaurado), supuesta Torre del Homenaje; y algunas paredes de la pequeña igliesilla que albergaba y de otra dependencia. Eso sí: el lugar es increíble, punto estratégico de vigilancia y mirador excepcional de la costa del Maresme. Me llama la atención la carena, loma cimera que sigue, por la derecha, hacía la cima del Montcabrer; también vemos variadas poblaciones del entorno con Cabrera de Mar justo debajo nuestro (Cabrils, Vilasar de Dalt...) con todas sus frenéticas e invasoras urbanizaciones hacía el oeste, y la desmesuraba urbe de Mataró hacía el este, y toda la maravillosa visión recortada de la llamativa costa del Maresme. También, y siguiendo el conjunto montañoso de la Serralada Litoral en la que nos encontramos, vemos otra cúspide que nos llama más la atención, por que hace muy poco (el día anterior) nos enteramos que albergaba una ermita con el campanario construido de lado; único en las construcciones religiosas: Sant Matéu; hacía el oeste también... Almorzamos y descansamos. Nos hacemos fotos (falta la de grupo) y le hacemos fotos al histórico lugar... antigua pertenencia de los Condes de Cabrera, dueños también del Castell de Montsoriu en Arbúcies. La visión de la mar calmada y su costa nos encandila.

En el Castell de Burriac  Desde el Castell de Burriac, al fondo Montcabrer


     No quiero hacer la bajada por el mismo lugar, y deduzco que existe una senda que te baja más directa y atropelladamente del castillo. En efecto: cogiendo la vertiginosa senda que queda a la derecha justo al salir por la última puerta del castillo, y antes de coger las escaleras con barandilla que bajan al camino, una trepidante y empinada senda nos baja directamente a la pista que debemos de seguir, donde se encuentra un monolito conmemorativo sobre el Vº Centenari de les Municipalitats de la Baronia del Maresme. De aquí hacía la izquierda como si bajáramos a Cabrera de Mar. Merece la pena esta bajada a pesar de lo deshecho del terreno, ya que evita que vuelvas a darle la vuelta por el mismo camino al peñasco donde se ubica el Castell de Burriac.

     Las estupendas vistas del castillo que se nos quedan ahora a nuestra espalda, son el centro protagonista de miradas, del paisaje y fotografías. La pista baja hacía el mencionado pueblo por el yacimiento del poblado ibérico de Burriac, pero unos postes señalizadores y una clara senda nos hacen desviarnos hacía la derecha para dejar ésta pista de bajada y coger otro camino de subida, y no tener que bajar al cruce de entre los dos. Ahora seguimos en dirección a La Llobera, subiendo algo por un camino muy bien trazado. Y justo en la cima, parte más alta del mismo y bajo la sombra de una pinada, incrustada en la roca sobresaliente, a nuestra izquierda, aparece la Creu de l’Avellà. Una cruz de tamaño mediano de hierro o metal que nos indica el cambio de dirección y de camino a seguir: a partir de aquí giramos del oeste a sur, sureste, hacía la loma cimera de la montaña, y cogemos sendas señalizadas por postes y muy bien marcadas en el terreno.

Atrás queda el Castell de Burriac  Atrás queda el Castell de Burriac

Atrás queda el Castell de Burriac


     Sendas anchas y solitarias al principio por la parte izquierda de la loma, después bajan desgastadas hasta encontrarse con un camino. Nosotros siempre debemos seguir hacía el sur, de poste en poste siguiendo las marcas amarillas o lilas y sin bajar de la loma cimera de la carena, de la montaña. Una importante pinada se yergue por estos lares, ya se veía desde el castillo; y un bonito paisaje de pinos piñoneros me recuerda a las pinadas de Guardamar del Segura de mi tierra Alicante, que, con sus raíces, aguantan y afianzan las arenas de las dunas móviles de la extensa playa. Un bonito caminar en las proximidades del Turó de l’Infern (al cual no llegaremos a subir y que blindaremos circundándolo por un camino por el oeste de la cima) y por las antenas repetidores, en una zona más abrupta y rocosa de la montaña, y ya estamos cerca del apéndice de la Serralada Litoral que forma la cima arrasada, árida y solitaria del Montcabrer, donde una cruz (otra más) alta y sobresaliente nos indica su provecho o insinuación religiosa en otros tiempos... hoy solo un recuerdo conservable. Antes hemos dejado paso de la senda al camino, y del camino a la senda, pero siempre hacía el sur, por la cimera loma de la montaña y siguiendo los postes señalizadores con el nombre “Creu de Montcabrer”.

     A pesar de su visión artificial y casi perjudicial, las antenas de color rojo y blanco le dan un toque diferente, identificador a la montaña, y al final de la horizontabilidad de la misma, la Cruz de Montcabrer, se reafirma como mirador excepcional, punto culminante ante la costa del Maresme y lugar de devoción y visita obligada por excursionistas y aborígenes del lugar. Estamos a tan solo 311 metros de altitud, pero la elegancia de la montaña realza su magnitud. Antes y ahora disfrutamos de las vistas: excepcionalmente la gran urbe de Barcelona, Badalona y demás poblaciones unidas por el asfalto y el hormigón, hacía el suroeste, siguiendo la costa. Emocionante. En la cima del Montcabrer, mientras busco el escalofriante sendero que baje del pico directamente hacía el sur, por la árida ladera, mis compañeros se deleitan con los planos de los nombres de las montañas y lugares que se pueden llegar a ver desde allí, indicadas o representadas con esclarecedores dibujos. Parada a descansar, fotografiar y a admirar el profundo paisaje de montaña y mar... pero como lugar de referencia, siempre, el escarpado peñasco donde se yergue el Castell de Burriac al norte. Espectacular. Hermoso mirador.

El Castell de Burriac entre la floresta  Antenas próximas al Montcabrer

Xenia y Anna en la Creu de Montcabrer  Creu de Montcabrer, excepcional mirador


     Pero ahora toca bajar y hay que pasar por la Cova de Les Bones Dones para rememorar la leyenda de aquella bruja que vivía en ella. Según vi en una ruta encontrada por internet la bajada por la escarpada, deshecha, empinada y árida cara sur era factible; e incluso había un sendero que te bajaba por ella. Mientras los compañeros se deleitan en la cima yo busco dicho sendero. Creo encontrarlo (ya que hay varios “senderos de cabras”) y comenzamos la bajada. Me equivoco de sendero en la bajada pero pronto nos cruzamos con el verdadero que seguimos hacía abajo. Realmente parece ser que el verdadero sendero marcado con manchas blancas, sale justo por detrás de la cruz como si miraras hacía Barcelona más o menos, hacía el sur-sureste, por la derecha según llegas al pié de la cruz. Es un sendero resbaladizo y empinado que sortea los escarpes rocosos que tiene por este lado. No paro de mirar hacía todos lados, ya que entre las rocas quiero encontrar dicha cueva. Y es justo más abajo cuando se acaban dichos resaltes rocosos donde, a mano izquierda según bajas, se ve una paredilla de roca y en ella unos agujeros oscuros. Le digo a Dani que se espere mientras baja el resto de la gente, y me voy a explorar el lugar. Efectivamente son las cuevas, las he descubierto. Llamo a los compañeros y entre la trepadilla y la vertiente vertical de terreno resbaladizo llegan al lugar. Está descuidada, llena de vidrios de botellas rotas y de pintadas; aunque gracias a la pintada que ponía “COTO...” en la pared de la roca, la pude encontrar. Nos hacemos fotos y casi todos entran a verla... otra historia más que contar.

     Volvemos a la senda que ya se vuelve más simpática. Los resaltes rocosos y escarpes resbaladizos se han quedado arriba. La cueva está en la parte media-baja de la ladera, y casi en el lugar exacto señalado por el mapa del ICC. La senda acaba casi pegado al muro de una casa más a la derecha; pero nosotros debemos seguir ahora la pista, en la que desemboca la senda, hacía la izquierda, hacía el oeste en dirección a Cabrera de Mar. Dejamos la árida y escarpada ladera sur del Montcabrer a la izquierda, que desde aquí tiene forma de cono con la punta en la misma cima, y allá arriba los escarpes donde se oculta (no lo suficiente) la Cova de Les Bones Dones.

Bajando de Montcabrer  Kike saliendo de la Cova de Les Bones Dones

Arriba la Creu de Montcabrer, a la derecha la Cova de Les Bones Dones


     El camino baja entre la pinada y aparecen las primeras casas y calles de Cabrera de Mar. Como en todo el recorrido, ahora en frente nuestro, el peñasco y la circular torre de homenaje del Castell de Burriac lo domina todo. Intento mirar la fotografía que le hice a un mapa del google maps donde aparecían la imagen real de las calles con sus nombres, y un itinerario de puntos rojos a seguir, editados por mi en mi ordenador. Ello me ayudará a averiguar por que calles debemos de cruzar el pueblo, y hacía a donde. Pero realmente no tiene pérdida: seguimos por toda la calle, con sus curvas y cruces, sin doblar a izquierda ni derecha, que llaman Camí de Cabrils (dejamos los cruces con la calle Barcelona y la calle Girona), y justo desemboca en la céntrica Carrer de La Riera que seguimos hacía la derecha y enseguida a la izquierda por un estrecho callejón de subida. Seguimos el corto callejón (que no le sale el nombre ni en el google maps) y enseguida a la derecha unas escaleras bajo un arco; éstas nos sacan, con sorpresa como si lo “hubiera planeado”, a la plaza misma frente a la entrada principal de la iglesia parroquial. A partir de aquí, y por la Plaza del Poble, volvemos a encontrar las señales, marcas de itinerarios. Ahora seguimos por la calle bajo dicha plaza, que llaman Carrer del Camí d’Agell que seguimos muy empinada y con curvas, hacía arriba, hacía las afueras de Cabrera de Mar y de nuevo montándonos en las lomas de la sierra. Bonitos y cortos rincones de Cabrera de Mar.

     El Carrer del Camí d’Agell deja de empinarse y se allana un poco. Salimos de Cabrera de Mar y una vieja y sacra construcción nos llama la atención: es el cementerio e Iglesia de Santa Elena. A partir de aquí los postes señalizadores que nos indican “Castell de Burriac” nos sacaran de recorridos asfaltados para adentrarnos de nuevo en hermosas sendas entre las frondas de los pinos piñoneros que se encuentran a nuestra izquierda; y de nuevo subimos por una senda bajo la sombra de dicho bosque, en busca de la parte más alta de la carena, de la loma.

     Hemos rodeado Cabrera de Mar. Hemos salido por el Castell de Burriac que queda al norte, y hemos bajado por la loma del Turó de l’Infern y el Montcabrer que le queda al oeste, atravesamos la población y de nuevo nos encaramamos a la loma de la Serralada Litoral por el lado este del pueblo, en busca, de nuevo, del Castell de Burriac. Pero esta vez no hará falta llegar al mismo castillo, si no al Collet de Burriac.

Entrando en Cabrera de Mar, al fondo el Castell de Burriac  Pasando junto a la Iglesia de Cabrera de Mar

Iglesia de Santa Elena y cementerio


     Ya la senda se allana algo más cerca de la parte más alta de la loma y nos ofrece unas vistas hacía el este preciosas de la masa boscosa de la sierra, de Mataró y de la seguida costa el Maresme. Me llama la atención aquella construcción de tejados rojos puntiagudos, en medio de la masa forestal que también se observa y te hipnotiza desde la autopista: la Torre Ametller. Precioso. Pero mi cámara de fotos no recoge bien la imagen. Anna y yo nos quedamos algo más retrasados y seguimos por una senda inequívoca y a veces estrecha; lejos de las construcciones modernas humanas que, en conjunto, llaman urbanización... quizás no tan lejos pero si invisibles por la abundante maleza y vegetación de la zona. Cactus verdes con partes de color rojizo como si fuera su fruto... ¿higos chumbos? ¿Chumberas? Al poco tiempo la amable, bonita y solitaria senda nos deja en un camino, y enfrente, cada vez más cerca pero visto desde el lado contrario, el Castell de Burriac; allá arriba, impertérrito, espléndido. De nuevo estamos en un camino pero internados en la sierra sin casas que la desdibujen. Los compañeros nos esperan junto a una balsa de agua para incendios, y con la imagen a la izquierda del imponente Castell de Burriac (todo el recorrido transcurre entorno a él); que impone más el abrupto peñasco sobre el que está afianzado, que las propias ruinas del mismo. Magnífico.

     Ahora solo debemos seguir el camino como si fuéramos hacía el castillo, hacía su parte norte, y antes de llegar a él ya nos toparíamos, en el Collet de Burriac, con la pista que baja a Argentona. Muy cerca, otra marca nos lleva hacía la derecha, arriba y este, al Turó dels Oriols... pero lo dejaremos para otro día, llevamos buen tiempo y llegaremos a la hora prevista a los coches. Así pues, al llegar a dicho colladito cruce con otro camino, vemos la otra vertiente de la loma Castell de Burriac-Turó dels Oriols, y abajo queda Argentona. Seguimos hacía la derecha y abajo, camino, sin pérdida, de Argentona. Ya hemos andado por aquí para subir al castillo; durante un trocito andaremos por camino ya pisado.

Al fondo Mataró  Cerca del Collet de Burriac

Otra vez el Castell de Burriac


     Mientras bajamos vemos a la izquierda la masa boscosa y frondosa de la Riera d’Argentona que hemos intentado cruzar en la parte de sus fuentes. Y los carteles que nos indican la dirección y ubicación de dichas fuentes. Ya vemos Argentona y rápidamente, entre charlas y buen tiempo (el sol me ha quemado los hombros) pasamos por el último chorrillo de agua que cae de la Font del Camí; ya casi pegada a la calle Passeig de Burriac, y a los coches aparcados. Ha sido una ruta interesante en la que nos hemos encontrado de todo un poco como ya preveía: bosque cerrado, fuentes, ruinas de un castillo, laderas áridas, escarpadas y rocosas, cuevas donde habitaban brujas, centro urbano y antiguo de Cabrera de Mar, iglesias, increíbles vistas... y todo eso en una mañana. Entretenido y bonito recorrido. Historia, cultura, naturaleza y casi magia, se funden en él.

mapa croquis

 

Punto rojo: lugar de salida y llegada.

Punto amarillo: Cova de les Bones Dones.

 

 



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